La pérdida del miedo (a perder)

¡Buen fin de semana a todos!

Soy fan acérrima de la mujer negra que se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en un autobús en Estados Unidos. Brevemente os recuerdo qué pasaba en esos tiempos: en 1955, año en el que el presidente de los Estados Unidos, Jim Crow, tenía puestas en vigor un conjunto de leyes absurdas que separaban a los blancos de los negros —como si los primeros fueran el bien, y los segundos, el mal—, la población negra, que venía de la esclavitud, continuaba en un silencioso martirio. Y ahí los legisladores no se andaban con disimulos: ¡lugares para los “colored” y lugares para “whites”! Y unos se quedaban tan anchos mientras los otros acataban esa ley.

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En los autobuses los negros tenían unas normas de conducta bastante restrictivas; éstas eran básicamente sentarse en la parte trasera del autobús, mientras los blancos se sentaban en la de delante. Para que eso les quedara claro, los coloured, tras entrar y pagar el precio del billete al conductor debían bajarse del bus para volver a entrar por la puerta trasera (lo que debería tardar en marchar un un autobús del que se bajaran 10 personas, y subieran 5 whites y 5 coloured!). Y para más inri, la parte central del bus era como una “zona de transición entre lo blanco y lo negro”: ahí podía ponerse un negro mientras no fuera algún blanco a sentarse; si se acercaba alguno, todos los negros debían levantarse de la zona central del autobús e irse a la zona trasera (“su zona”), porque su deber era ceder el sitio.

Pues Rosa cedió hasta que se cansó de ceder. A sabiendas de lo que con total probabilidad le iba a pasar, ella optó por la vía menos fácil: rebelarse. Bueno, en su caso su acto de rebeldía consistió en permanecer sentada mientras todos los ciudadanos negros que estaban en el mismo autobús que ella se levantaban y cedían sus asientos. Creo que ella se enfrentó a una doble presión: por un lado, a la del hombre blanco que la miraba con desprecio esperando a que se levantara y la del conductor que la amenazaba con llamar a la policía; por el otro, a la presión de ver que los demás ciudadanos negros se habían levantado para ceder el asiento y sólo faltaba ella.

Admiro a las personas con entereza | Foto histórica

Admiro a las personas con entereza | Foto histórica

Esta mujer había llegado a tal estado de hartazgo e indignación que desterró el miedo a perder. Y sí, de hecho perdió su libertad durante unas horas porque la encarcelaron. Sin embargo, su actitud fue la chispa que la revolución llevaba tiempo esperando. Fue una revolución que cuestionó y derribó lo que a unos mantenía en su estado de comodidad y a otros en estado de resignación; que se basaba por cierto, en el miedo de los primeros a perder el estatus.

Honestamente, muchas veces concluyo que los que basan sus acciones en el miedo a perder, al final acaban perdiendo; mientras que quienes por una causa justa se indignan y pierden el miedo a perder, ganan más de lo que al principio ven que se les va sus manos. Fijándome en este caso real me reafirmo en mi pensamiento…

Barack Obama en el autobús donde estuvo Rosa Parks | (Official White House Photo by Pete Souza)

Barack Obama en el autobús donde estuvo Rosa Parks | (Official White House Photo by Pete Souza)

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8 Respuestas a “La pérdida del miedo (a perder)

  1. Está claro que uno tiene que luchar por lo que quiere y no quedarse sentado por miedo a una repercusión insana. Por esto me inclinaba mucho a defender las ideas con las que nació el famoso movimiento 15-M y similares. Una simple sentada en una plaza crítica de Madrid para dejar claro que no estás de acuerdo con lo establecido, sin violencia pero con rotundidad. Uno quizá parezca que no haga nada pero de una semilla crece un árbol ;)

  2. Una mujer admirable, sin duda merece una ovación :)
    La verdad, es que hay que ser muy valiente para atreverse a ser el primero en levantarse cuando todo el mundo está cómodamente sentado, y sabes que tanto te puede salir bien como salir muy mal…. y sobretodo, no saber si vas a tener el apoyo de tus iguales.

    • ¡Cierto! Además, lo que fue admirable en ella es que su acto de rebeldía fue pacífico y empezó con ella encarándose completamente sola un régimen injusto, pero supuso toda una revolución

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