Por qué hablar de ti.

Quizá el narcisismo esté justificado científicamente.

¡Feliz año nuevo! Deseo que tengáis mucha fuerza y visión para lograr todo lo que os hayáis propuesto en 2014, —sea plan de año nuevo o no—.

Recuerdo el día en que tuve una primera cita con un chico y lo muerta que me dejó el sinvergüenza cuando, tras ponerse cómodo enfrente de mí, me soltó:

“Háblame de ti”

Hoy ni recuerdo su nombre, pero el aprieto en el que me metió no se me olvidará en la vida (hace poco me lo volvió a hacer otro… olvidado también). Esta anécdota, dentro de la controversia que el tema del que hoy hablo introduce, me sirve para expresar tres ideas,

  • Pedir a alguien que se describa a sí mismo es muchas veces ponerle en un aprieto, a menos que estemos con un ser pedante, o con alguien que sepa hacerlo con brevedad y concisión.
  • No obstante, escuchar a alguien que habla demasiado de sí mismo es una tortura. Los que habéis estado con una persona que habla demasiado lo sabéis.
  • Tampoco es gracioso estar contando algo y que te interrumpan para contarte algo sobre ellos. Que hay gente que lo hace sin darse cuenta.

Hablar de uno mismo, en su justa medida, es bueno. ¡Nos encanta! Nos gusta el sonido de nuestra voz. Según un estudio de la Universidad de Harvard —hay que ir a Harvard a ver quiénes son esos que hacen tantos estudios y por qué tienen el monopolio de los estudios—, hablar de uno mismo activa los mismos circuitos de gratificación en el cerebro que el sexo y la comida. Y yendo más allá, si uno está seguro de que le van a considerar, el cerebro se ve doblemente gratificado. Así nos va, que se estima que el 60% de las conversaciones que se dan tienen al ego como protagonista. Vemos que en el fondo nos gusta la introspección —sobre todo a los introvertidos—; y mejor si en la conversación se aprecia un cierto grado de objetividad…

No soporto a la gente que habla demasiado de sí misma sin decir nada. Seguro que si se conocieran hablarían menos y con más rigor | La “confident people” | Foto de internet

…Que es lo que se pide, por ejemplo, en las entrevistas de trabajo. A mi juicio, hay una parte de lo que es hablar de uno mismo que es la más difícil, y ésta es la que requiere objetividad. La objetividad es expresarse con rigor sin caer en las quejas o en el ser pesado, y tiene como consecuencia, entre otros premios, poder hacer buenos planes, establecer buenas relaciones y en muchas ocasiones —gracias a la pregunta “¿por qué?”—, solucionar rápidamente problemas que veíamos como enormes mientras estábamos callados, y que conforme vamos hablando, reducen su tamaño.

Por otro lado está la gente que habla mucho y no dice nada: esa es la gente con la que bueno es dejar de quedar . De todas maneras, quien sabe hablar de sí mismo equilibradamente tiene medio cielo ganado. Demuestra que se conoce bien porque ha tenido las agallas de exponerse a a prestar atención a su manera de reaccionar. Entonces, sabe lo que es realmente, y mejor aún: lo que puede ser. Quien sabe hablar  con objetividad no tiene miedo a exponerse. Vale la pena conocer a gente así.

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5 Respuestas a “Por qué hablar de ti.

  1. Hablar de unos mismo con otros puede ser gratificante no solo para ti, sino para la otra persona siempre que uno sepa “venderse” bien. Sin pasarse como bien dices porque en muchas ocasiones quien habla mucho de su persona, significa eso, que solo le importa su persona.

    Un saludo!

    • No es tan fácil, creo que para venderse bien hay que estar alerta y manejar el arte de ser objetivos. También hay que ser empático y cuidadoso, digamos que hace falta tener un poco de tacto y cuidado… Pero se puede =)

      ¡Gracias por opinar!

  2. En su justa medida puede ser un talento a tener en cuenta, desde luego. Yo carezco de él. No sé venderme y soy muy inseguro en ese aspecto xD
    Luego están los que se echan muchas flores y luego es paja. Todo es paja xD

    • Yo también tengo que aprender :) porque la línea que separa “venderse mal” de “fardar” es bastante delgada…
      Afortunadamente, a los pedantes se les caza enseguida.

  3. Pingback: Confidence: cuestión de echarle morro. | Dandelion's·

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