El insospechado veneno de la cobardía

Cobardía: carencia de valor o entereza en el ánimo. Miedo o falta de valor ante situaciones difíciles, peligrosas o que conllevan cierto riesgo. Pusilánime, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgadas.

Hola. El ‘riesgo’ no solo es peligro de muerte. En cada vez más ocasiones —dado que el riesgo de muerte se reduce por las condiciones más cómodas y seguras que tenemos— el peligro es el “riesgo de perder la comodidad”.

La definición de comodidad aquí no es meramente la que mencionan los que nos animan a “salir de la zona de confort”. Hablo de la comodidad a la que por ejemplo se aferraban los que esclavizaron a los negros en Estados Unidos, los nazis que hicieron el Holocausto judío, y a la que siguen aferrados los que se llenan los bolsillos dentro de un país que amplia el abismo que separa a los ricos de los pobres, por dar algunos ejemplos.

El Apocalipsis sitúa a los cobardes los primeros en la lista de quienes arderán en el lago de fuego. Cuatro de los famosos pecados capitales se cimientan en la cobardía. Los más atroces atentados contra los principios e incluso contra la Humanidad, tienen como base el mismo vicio. Lo que pasa es que a la base no se llega al echar una primera ojeada, a la base se llega excavando.

Giuseppe Murabito | Unsplash

Un hombre que maltrata a su mujer (ya sea haciéndole sentirse culpable o poniendo su vida en peligro) no quiere admitir que en realidad tiene un problema interno que no se atreve a resolver puesto que eso le incomodaría, le haría quedar vulnerable ante sí mismo y perder su orgullo. Por eso prefiere hacerse el duro y echar balones fuera convirtiendo a su mujer en el enemigo (por eso insisto en que la violencia machista es un problema de los hombres). Alguien que se junta a otro con quien no es feliz con tal de evitar la soledad es un cobarde. Y quien no se respeta a sí misma también lo es, por mucho que luego salga a la calle a reivindicar.

Cuando hablamos de gula pensamos en comida, como la definición clásica nos ha enseñado. Pero ésta continúa con “comer demasiado como forma de obtener un placer que tape un desequilibrio interno sobre el que no se tiene el control”. Sin embargo, en el pasado cualquier exceso dado de manera irracional o innecesaria encajaba en esta definición. Es más fácil dejarse llevar por el impulso de ceder ante los excesos en vez de tener la entereza de ir a solucionar el problema original.

La avaricia no está sola: tiene como amigas a la traición deliberada, la deslealtad, el robo o el dejarse sobornar. No hace falta que entre en más explicaciones, estamos en una crisis que era evitable. Cuando hablé de los celos en Jealousy decía que la envidia era señal de pereza y baja autoestima. Lo que veo necesario señalar aquí es que quien ha sido lo suficientemente valiente como para centrarse en dar calidad a su vida no tiene lugar para los celos. He visto personas que, desde su palco de envidiosas, no tienen las agallas de hacer lo que el blanco de sus críticas hizo en su tiempo.

Quiero dejar claro, como han hecho muchos ilustres, que una cosa es tener miedo, y otra es ser un un cobarde. Todos los valientes de la Historia en muchos momentos han estado asustados, pero lo que les hizo valientes fue hacer lo que tenían que hacer a pesar de eso. La cobardía más nociva es precisamente la que se niega, la que atribuye las acciones a todo menos a la causa verdadera. Y para colmo, hace creer (¿será posible?) que actos cobardes quedarán impunes.

Es evidente que todo está relacionado, y la cobardía ha sido y sigue siendo lo no visto, lo escudado tras otros sentimientos o acciones; pero lo que no puedo evitar preguntarme es si está la cobardía en camino de fusionarse con la conveniencia y convertirse en algo tolerable.

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5 Respuestas a “El insospechado veneno de la cobardía

  1. Hola, McQueen.
    Estoy muy de acuerdo con lo que has escrito. Y sobre todo con eso de que no es igual tener miedo que ser un cobarde. Gran verdad.
    Al cabo de cada día podemos analizar lo que nos ha ocurrido y saber las veces que hemos temido hacer tal o cual cosa, y simultáneamente casi las veces en que hemos superado ese miedo.
    Al cobarde los miedos le son invencibles.
    Tal vez venga un poco a cuento una viñeta que he leído hace poco en la revista “Mongolia” debida al gran Mauro Entralgo en la que dos personajes cubiertos de mierda rodeados por un mendigo, un emigrante que se va, un policía machacando a un manifestante y un avión cargado de dinero camino de suiza comentan: “Nos roban, nos dan de hostias y nos cagan encima; pero voy a seguir votándoles porque me da miedo lo que puedan hacer otros distintos”. A lo que el otro responde: “Supersensato”.
    Saludos!.
    (Cómo va ese ajedrez?)

    • ¡Hola Bruno!
      Es que la cobardía se esconde detrás de otras cosas, o se disfraza de sensatez o prudencia, como acabas de exponer muy acertadamente. En el caso de la revista tengo claro que es cobardía, pero en otros a veces no tengo claro cuándo es una y cuándo es otra.
      ¡Gracias por venir!
      (Mi primer profesor de ajedrez me ha dejado, está agobiado con las cosas del instituto… :( me he buscado a otro)

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