Diario de un tren de Cercanías

(Hola. Vamos a tener una conversación seria).

Un tren de Cercanías a lo largo de su vida, además de lo ordinario de llevar a gente de un lado a otro seguramente presenciará algunas peleas, muchos robos, problemas de salud y será el que cumple el propósito de suicidarse de un número (desconocido) de almas desesperadas en hora punta por la mañana—los casos de personas que se tiran a las vías del tren en hora punta son desoladores a la vez de indignantes, y van en aumento—. Los viernes por la noche se llenará de jóvenes que se dirigen a las macrodiscotecas de los suburbios cargados de alcohol barato y a primera hora del sábado y del domingo (entre las 5 y las 7 de la mañana) llevará de vuelta a la misma multitud, esta vez en el estado más denigrado, consecuencia de la mala interpretación del “carpe diem”. El tren apestará a vómito, y algún que otro joven de resaca perderá la posesión de su teléfono móvil (teléfono, por cierto, con el que se había hecho algún selfie horas antes) sin que el ladrón tenga que esforzarse en hacer el robo.

También tendrá dentro corrillos de personas de mediana edad debatiendo sobre la situación política. Los debates serán la expresión de la frustración y en su mayoría la conclusión será que no se sabe qué hacer. Tendrá personas leyendo, y personas obcecadas con su smartphone. Personas que fotografían los pies o el escote de quien tienen enfrente. Niños que no saben entretenerse sin una tablet. Niños que berrean.

Y ALGUIEN PIDIENDO.

(Un inciso: lo que voy a escribir aquí es lo que la gente dice. Nunca podré confirmar ni desmentir nada, y tampoco quiero entrar en suposiciones, por eso voy a exponer la situación, pero vosotros tenéis que entender que eso es lo que dice la persona que está en el tren pidiendo.)

Me he fijado en estos años en una cosa: que antes, la gente que pedía dinero en el tren era gente en su mayoría de fuera de España, que tras presentarse y contar brevemente su situación, buscaba generar unos ingresos bien tocando música o vendiendo dulces o alguna cosa sencilla. Entre la minoría de personas de rasgos españoles también estaba la persona de la que nadie se fiaba porque no aceptaba nada más que dinero (ni trabajo ni comida), y era muy difícil ignorar su apariencia. La mendicidad era algo que se veía unas dos veces a la semana —lo que en el gráfico expreso como el 30% inicial—. Y uno si se fijaba en los detalles podía ver que las peticiones se repetían, por ejemplo, la hija del padre de familia tenía 18 meses desde 2004 (y ya estábamos en 2006), o el hijo llevaba mes y medio teniendo que enterrar urgentemente a su padre que había fallecido hace dos días.

“Evolución de la mendicidad en el tren de Cercanías entre 2006 y 2015” | Foto y gráfico de Esther. Cuento con lo que veo y recuerdo haber visto al ir en tren. El 100% significa que todos los días de una semana que subo al tren veo a alguien pidiendo. El gráfico es acumulativo

Pero os diré algo: en estos últimos cuatro años los trenes de Cercanías han pasado de albergar el fenómeno de la mendicidad dos veces a la semana a albergarlo prácticamente todos los días.
Y el perfil de quienes piden se ha diversificado hasta el punto de la consternación. Me explico: Antes la mayoría de personas era extranjera y las situaciones estaban menos expuestas; ahora lo que más veo son españoles (con españoles digo personas blancas de acento español, lo que me hace pensar que son españoles ¿vale?), y, honestamente lo digo, he visto un estudiante que estaba en el tren pidiendo con su guitarra porque no tenía dinero para pagar la matrícula de la universidad, dado que sus padres se habían quedado en el paro; he visto varias maestras jóvenes que se habían quedado en el paro y habían sido desahuciadas de su casa por no pagar la hipoteca, y ante la falta de ingresos tenían que alquilar una habitación que pagaban con las monedas recogidas. He visto también padres de familia aparentemente de más de 40 años que ya estaban fuera del mercado laboral, y estaban imitando la forma de pedir de los extranjeros a los que seguramente ellos alguna vez dieron alguna moneda. Personas que hablan durante más tiempo; explican que es la desesperación lo que les lleva a ir a pedir en trenes en los que antes iban a trabajar, que no piden únicamente dinero, sino que explican lo que pueden hacer debido a su profesión y se ofrecen a trabajar de lo que sea.

Entonces la situación no está para frivolidades del tipo “Ya se ha acabado la crisis, vamos a esconder la mendicidad”, sino que la solución es arreglar lo que hace que las personas mendiguen. Hacer memoria no debería ser complicado, hay situaciones que en sí mismas todos los días te recuerdan que los bombardeos de los medios con noticias buenas no tienen nada de verdadero. Deberían dejar a la gente que verdaderamente sufre la crisis decir cuándo ésta ha terminado, no  a las personas acomodadas que escriben libros llamados “La crisis ha terminado”, se hacen un selfie dentro de su Bentley, lo suben a Instagram y se van a la playa.

Es lo que creo, a día de hoy.

¿Y tú qué opinas? ¿Has visto también un incremento de la mendicidad en estos años? ¿Has estado en un ámbito que te haya permitido comprobar lo que pasa realmente? Comparte tu experiencia con un comentario =)

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5 Respuestas a “Diario de un tren de Cercanías

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo dandelion, espero que estas misma personas, usuarias del tren de cercanías y otras muchas que dejaron de usarlo por diversas circunstancias, despierten ahora para ejercer su derecho ante la libertad de decir. No al gigante opresor que empuja hacia el botellón , mendicidad, etc.

    • ¡Gracias por tu aportación, Mar! Cuando el poder está en manos del pueblo es necesario usarlo bien, recordando cómo está la sociedad realmente, en vez de huir de la realidad, o hacer caso a datos económicos manipulados con intereses electorales.

  2. Esta entrada me parece una interesantísima pieza de lo que podríamos llamar periodismo de base. La Red ha democratizado la información y ha convertido a muchos ciudadanos en periodistas locales de gran utilidad para la sociedad. La situación que se expone en el texto puede ser intuida por muchos, pero nunca o casi nunca se nos presenta de frente en los grandes medios de comunicación (esos que son libres en tanto no perjudiquen los intereses económicos del dueño, que perfectamente puede ser un fondo de inversión, como en el caso de ‘El país’). Este periodismo de base es más necesario que nunca, construye democracia, una democracia real, esa que tal día como hoy hace 4 años empezamos a exigir en las calles con los ojos más abiertos que nunca. El periodismo debe servir para abrirnos los ojos y para movernos a reaccionar, y tu texto contribuye a ello. Gracias.

    • ¡Muchas gracias por apreciar mi trabajo LeProgressier! El periodismo oficial no llega a estos escenarios, aquí desgraciadamente el drama social está tan visto que ya nos hemos acostumbrado; y como cosas así no salen en los medios, parece que no tienen tanta relevancia como las que salen en los documentales. Pero si alguien quiere hacerse una idea verdadera de cómo está una sociedad debe ponerse en esos lugares anónimos donde no se esperan cámaras.

  3. Pingback: Jornadas de Hacer Memoria. | Dandelion's·

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